30 may 2013

Todos somos narco.



La delgada línea entre ser víctima o fomento del narcotráfico.

Hace unos días un amigo (que consume y vende drogas) me exigía utilizar mis conocimientos en derecho para fomentar y generar un cambio en esta sociedad que, él dice, “ya está podrida, el gobierno la ha carcomido”. Su afirmación es que, los que ostentan “el poder” son los que han orillado a México a este desorden que se vive, su idea radica en que sólo nosotros los abogados podemos acrecentar a México; y entre otras muchas cosas más, señala que los fenómenos de violencia y narcotráfico  son promovidos por el gobierno, que parecen ser incesantes y que eso le parece inaceptable. Entonces entré en discrepancia.

Si pudiéramos dibujar un mapa del origen del narcotráfico, nosotros nos encontraríamos en la base de este enrollo. ¿Por qué? El problema del narcotráfico empieza con quien consume droga, con quien la distribuye y hasta con quien consiente o se hace de la vista gorda, el que no denuncia.

El narco se está agudizando y ha pasado a ser cultura. Ya dejó de ser un problema focalizado en delincuentes-autoridad. En México nos hemos equivocado, hay que dar un salto de responsabilidad y aceptar que nosotros hemos fomentado la narco cultura. Los narcocorridos se han convertido en la música preferida de muchos jóvenes, el tema del narco es el contenido céntrico de muchas conversaciones y muchos personajes de estas organizaciones se han cristianizado, son héroes y ejemplos a seguir.

¿Quién no conoce a alguien que consuma, venda o distribuya droga? Todos sabemos de alguien, conocemos quien se beneficia de este “negocio”, son nuestros amigos, familiares, compañeros, conocidos y vecinos, pero nos hacemos de la vista chiquita, total, sólo es un “porro”, un “jalón”. Lo consentimos. Ignoramos que estos pequeños actos son los que generan tal oleada de delincuencia.

Mi amigo, está en contra de la bestia, pero le da de comer. Y esta incongruencia es la que manejan muchos activistas, no quieren corrupción, ni narcotráfico, ni delincuencia, pero sí fuman, toman o se la inhalan.

Todos sabemos, todos conocemos, todos somos responsables en algún grado, por pequeño que sea, de la situación de violencia actual, pero es más fácil desatender nuestra responsabilidad social y señalar al gobierno como único causante de la inestabilidad que agobia a nuestro país.

Créanme, no necesitan ser conocedores del derecho para generar un cambio en México, ¿cómo y cuándo vamos a entender que nosotros tenemos al país en nuestras manos? Esto debe importarnos. Si no hacemos algo para mejorar y extinguir lo que nos aqueja, jamás vamos a salir del estancamiento. De la mentalidad perdedora. De la denigración moral.