Vivo en una universidad con una gran
pluralidad en sus maneras de estudiar y de pensar. Comprometida con el saber
humano, con la creación, transformación, difusión y aplicación del
conocimiento, de las ideas, y de las diversas expresiones del espíritu humano
en beneficio de la sociedad entera. Pero me desarrollo en una facultad donde se
focaliza la arrogancia.
2010 y el pase a la UNAM – Facultad de
Derecho estaba en mis manos, felicidad y orgullo propio en su máximo nivel. A hoy,
han pasado dos largos años, me encuentro en quinto semestre y se nota demasiada
disparidad en mis compañeros que conozco de antes y al principio de mi
licenciatura.
Acortando la variedad, existimos los que
somos buenos, los que somos malos y los que somos arrogantes. Y no nos culpemos,
aquí caímos, esto quisimos y lo mejor o peor del caso es que nos enloquece esta
ocupación, amamos la idea de ser abogados.
Nos encontramos en una carrera que no
permite ser uno mismo y que no permite ser innovador, y no por el hecho de que
nos encontremos sometidos a leyes y dogmas, sino porque nos encontramos
envueltos de arrogantes y envidiosos; en los pasillos, los baños y las aulas, basta con señalar aquella frase que reza: “el abogado es el ser
más sabio del mundo, él tiene la obligación social de conocer de todos los
temas”.
Y esa es la idea
que nos venden desde el primer instante. Un mal común de muchos, creer que
saben todo y que son infalibles; el afán del abogado de ser todólogo, ser
picudo y saber lo absoluto, cuando a la hora de la verdad, a la hora de plantear un
juicio, ni siquiera son capaces de plasmar sus ideas con claridad. La falta de
especialización en nuestro gremio es muy notoria.
El arrogante tiene un déficit
comunicativo, suele ser paranoide y desafectivizado. El desprecio es otra de
sus características, la pedantería, la falta de empatía con el otro y el
desconocimiento de sí mismo. El arrogante es un ser vacío, inseguro, a veces
estas inseguridades aparecen muy sepultadas en su interior y se escudan en una
falsa superioridad estableciendo relaciones jerárquicas: “no me voy a rebajar a
tu nivel”, siendo una de las más comunes.
Alguna vez un sociólogo comentaba: “para
entender a la sociedad necesitas leer un sinfín de tratados y al mismo tiempo
ver la televisión.”
Y es aquí donde me
he dado cuenta que debemos ver y aceptar verdaderamente nuestra ignorancia, nuestra vulnerabilidad y nuestra humildad. Ya no burlarnos de "los opuestos" en un juicio, y al
contrario, tratar de ver su granito de verdad; lo que puede aportar y a lo
común que podemos llegar para solucionar; en ese momento automáticamente abrir mente y corazón y conectarse con la parte esencial de la carrera y
los principios de nuestra universidad.
Entiendo que la
escuela no nos da toda la soberbia y al mismo tiempo confirmo, porque tengo
razón de ello, que no todos los compañeros se manifiestan de esa forma grosera,
pero sí es la mayoría.
No criminalizo a nadie, comprendo que
muchos se comportan así dado que todo su éxito se lo han ganado a pulso incesante
y a base de ardua labor; sin dádivas ni holganza, sin
embargo, no puedo creer que no podamos tolerar un
criterio más amplio al propio y siempre estemos con la más enérgica intención de destruir
lo que uno trata de desarrollar.
La prudencia y la contemplación de
dificultades y obstáculos en los casos que se plantean, es lo que ha formado a
los mayores sabios y científicos, ellos han sido modestos, aunque los
arrogantes pululen en esos mismos medios.
Es menester señalar que en mi desarrollo
académico en esta ciencia jurídica he convivido muy cercanamente con estos demonios de altivez y engreimiento, empero, mis valores, muchos de ellos arraigados de familia, me lo han impedido, porque reconozco más a una persona con hambre de conocimiento y amplio valor moral, que a un ente atestado de inmodestias y jactancias, porque me han enseñado a ser leal a mis principios, porque no quiero contribuir con la degradación que se le ha ido dando a esta profesión, al deterioro social de su imagen, porque me considero humanista, porque como decia Sócrates: "una vida que no se examina no vale la pena
vivirla.". Para el sabio griego el auto examen es un medio
importante para lograr el dominio de
sí mismo.
¿Cuál es nuestra función en el mundo? ¿Cuál es el sentido de la vida? Y no como abogados, si no como personas.
Sin más, esto solo
es una protesta con la esperanza de que transformemos al derecho en el arte del
bien y la equidad.
“Advocatus et non
latro res miranda populo.”
Abogado y no
ladrón, digno de admiración.
Así sea.